Cuando algo se va, deja un espacio. Ese espacio puede dar miedo. Puede sentirse como soledad, incertidumbre o desorientación. Pero también es fértil.
El vacío no es ausencia. Es terreno disponible. La mayoría de las personas lo llenan rápidamente por incomodidad. Pero cuando aprendemos a habitarlo con paciencia, emergen nuevas direcciones más auténticas.
En este módulo no vamos a forzar lo nuevo. Vamos a aprender a esperar. A escuchar. A construir desde valores y no desde la urgencia.